El Corán es un poema. Partamos por ahí. ¿Cómo leemos un poema? Sin reglas. El requisito de ingreso al texto es la entrega, lo receptivo, lo femenino. El profeta dice: “cada versículo del Libro posee un sentido aparente y un sentido oculto”. Pregunta: ¿un texto religioso se constituye como tal porque sus dogmas son fijos e incuestionables, o, por el contrario, porque sus interpretaciones son infinitas?.
En este volumen la artista Lynda Mebtouche se dedica a jugar con los significados del islam, creencia que vertebra la cultura musulmana y la diversidad de pueblos que en ella habita, estableciendo nuevos diálogos con figuras importantes en la historia de dicha religión.
Los poemas que recorren el libro se sitúan en diversas épocas y territorios, entre Argelia, Francia, Libia, Afganistán, Arabia Saudita y Chile, invitándonos a transitar por una serie de impresiones, deseos y afanes/impetus que provienen de voces femeninas que habitan contextos musulmanes matizados.
Por eso resulta importante leer estos poemas lejos de enfoques maniqueos, atendiendo a la idea del velo como la no literalidad. El velo es un arcano y el poema siempre es velado.
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