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“Era un ansia de ver la suya, que se aplicaba por igual a la naturaleza y el hombre, fundiendo en la unidad de un solo espíritu contemplativo al artista, al naturalista, al filósofo”. Estas fueron parte de las palabras que escribió Jorge Millas en el prólogo del libro Defensa de la tierra, cuando se publicó por primera vez el año 1973. Y es que su autor, Luis Oyarzún, era sobre todo un agudo y apasionado observador del paisaje que lo rodeaba. A tal punto fue capaz de ver, que, como un visionario, dejó en este libro una profunda reflexión sobre la necesidad de tomar conciencia de los cuidados que requiere la naturaleza, entendiendo que sus recursos no son infinitos, y que si a ella se le destruye, a la humanidad también. Un libro indispensable para estos tiempos, que a más de cincuenta años desde su publicación sigue más vigente que nunca.