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En 1928, los anarquistas, amigos cercanos, amantes fugaces y compañeros leales, Emma Goldman y Alexander Berkman, impulsaron un encuentro de carácter clandestino, una reunión anónima con el propósito de reflexionar colectivamente entre anarquistas la situación actual de la propaganda revolucionaria entendida esta tanto escrita como oral- en la filas o militancia del movimiento y evaluar el vínculo e impacto con la acción subversiva. El objetivo central de esta iniciativa era realizar un balance crítico de las fuerzas, capacidades y proyecciones estratégicas del movimiento anarquista en un escenario global de quiebre y reajuste capitalista, de recientes guerras y procesos insurreccionales y revolucionarios de significativas repercusiones internacionales, así como por una crisis interna que se sentía en el propio entorno de compañeros, señalada con preocupación por diversos de sus protagonistas a lo largo de la década del 20.