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«“En septiembre de 1973, diecinueve ciudadanos de Laja y San Rosendo desaparecieron luego de ser secuestrados por carabineros. Algunos de los prisioneros fueron señalados en su lugar de trabajo a la policía por una autoridad de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC) –propiedad de la familia Matte-, y luego trasladados en vehículos de la empresa para ser asesinados en un fundo explotado para Forestal Mininco, empresa integrante de la CMPC”, afirma en uno de sus párrafos el libro.
Y se agrega que “apenas ocurrido el golpe, setenta campesinos de Paine que habían sido beneficiados por la Reforma Agraria, fueron hechos desaparecer. Los terratenientes expropiados, en conjunto con empresarios y pequeños comerciantes de derecha, se unieron a carabineros y militares para protagonizar la venganza”.
“El ex oficial nazi, Michael Kast, facilitó alimentos a los comandos de exterminio, además de un camión. Su hijo Christian compartió asados con civiles y uniformados en el mismo lugar donde varios detenidos fueron torturados y, desde ahí, pasaron a formar parte de las listas de detenidos desaparecidos. Más tarde, otro hijo de Michael, Miguel Kast, hombre elevado prácticamente a la categoría de santo por la derecha, colaboró con el departamento económico de la DINA y comandó prácticamente todas las reformas económicas que hoy se encuentran vigentes en Chile”.
El libro establece la responsabilidad que tuvieron muchos civiles directamente en los crímenes de la dictadura desde sus primeros días, y cómo algunas de las familias más poderosas del país basan el crecimiento de sus fortunas en el aprovechamiento que tuvieron de su relación con el régimen cívico-militar.