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El mensaje del evangelio no cabe en una cultura ni se deja agotar en sus instituciones. Asimismo, la Iglesia como institución cultural es tan carente como cualquier otra y se reconoce siempre a camino. Huésped que ansía hospitalidad de todas las culturas, pero sin patria plena en ninguna de ellas. La Iglesia debe testimoniar el carácter transcultural de todo lo que revela lo auténticamente humano y denunciar en cada cultura lo que lo contradice. Para eso debe entrar en diálogo con las otras experiencias culturales. Así, tanto la apertura a los Otros en su experiencia religiosa, como la profundización de la propia identidad son las claves inteligibles que el diálogo ofrece a la Iglesia para reinterpretar su misión a la luz de la irreductible pluralidad de culturas y experiencias religiosas.
El pueblo mapuche es una realidad compleja que solo es posible comprender haciendo el camino junto con él. La misión de anunciarle el evangelio no puede ser comprendida como estrategia de penetración ni de sustitución de su mundo religioso. Se trata de establecer una proximidad que permita el diálogo y la solidaridad en la defensa de la vida. Es esa cercanía la que posibilita el ensanchamiento de los horizontes en perspectiva de la construcción de una fraternidad universal.