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En las canchas de hoy se visualizan cosmovisiones distintas. Por un lado, quienes disfrutan del "ir pa delante" sin
voltear la jugada. ¡Avanza! ¡Avanza!;Tócala pa delante!;No retrocedas! son parte de los gritos que se asoman desde las galerías y que de alguna manera comienzan a repetirse. De esta escuela aparecen equipos de alto rendimiento, así como hinchas de nerviosa exigencia. Avanzar como mantra. Avanzar cueste lo que cueste, Así, en la otra banda, está la escuela del avanzar pero con distintos matices de velocidad. No siempre se avanza avanzando diríamos. ¡Abre la cancha! ¡Eeeeso, tocala! Toca atrás! son parte de la jerga que permite ir transitando la búsqueda del arco mirando atrás. Sin ir más lejos, el Brasil del jogo bonito no escatimaba en tocar la pelota hacia atrás cuando se necesitaba. A veces la defensa del rival logra cerrarse de tal manera que no queda más que "respirar" tocando el balón a quien está detrás. Así como la marea según la luna, el equipo se abre y se recoge, se estira y se ensancha, en una danza interminable para que orgánicamente llegue el balón a cruzar la frontera que permite ese orgasmo colectivo que conocemos como gol.
En esta cancha reivindicamos ese jugar para atrás. Detenerse muchas veces-pelota al piso-para respirar calma y mirar atrás para volver a articular las jugadas. Y es que sin querer caer en el cliché del "cómo avanzar sin memoria", no podemos más que abrazar esa búsqueda de sanación colectiva en el pasado, para re entendernos, re conocernos, abrazarnos y sembrar semillas de juegos aventurados que persigan vidas dignas.