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Una historia aparentemente simple, cuyo protagonista es un Cóndor que inicia un viaje para encontrarse a sí mismo, y que se asemeja a la búsqueda del ser humano para limpiar su ser y comenzar un nuevo ciclo de vida. Un libro escrito en forma inteligible y directa, con dibujos que agradarán a los más pequeños y a los que tienen alma de niños, y que en cada página entrega una enseñanza sobre la vida y el ecosistema.
En su recorrido por el bosque, el Cóndor Kathartes luego de encontrarse con la tortuga, el sapo, el búho, el pez Quimera, la serpiente Amaru y la cabra montés, de compartir y de haber aprendido de cada uno de ellos, se da cuenta de que puede tomar su propio rumbo independiente y autónomo.
En su afán por encontrar su equilibro, Kathartes aterriza en el bosque, despojado de sus plumas, y a la primera que encuentra es a la tortuga, quien le levanta el ánimo al decirle que sus plumas volverán a crecer y que tiene que pararse y seguir su camino.
El sapo le habla sobre el equilibrio del ecosistema y el búho le enseña algo muy sabio: «Que es preciso tocar fondo para salir a la luz»… Al ir al encuentro del pez Quimera, aparece un salmón que le señala: «Cada uno es responsable de su destino». El pez le indica que debe confiar en el curso de la vida y que «todo pasa por algo»…
Después de dejar el mar, llega al desierto para encontrarse con Amaru, la serpiente, quien le aconseja que acepte su situación, porque así podrá avanzar. Finalmente, la cabra montés es quien le hace ver la realidad al decirle que si se reconoce a sí mismo, «encontrará lo que busca». Al darse cuenta de que ya tiene nuevamente su plumaje, podrá volar porque hay fortalezas que no se olvidan.
Es así como Kathartes inicia su ciclo vital después de asumir sus errores y de valorar el aprendizaje entregado por los que encontró en el camino.