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Utilizando modernas técnicas cuantitativas, datos históricos y una extensa investigación de campo realizada en 1968 y 1969, Arturo Valenzuela ilumina de manera sorprendente las características que tenía el sistema político chileno a mediados del siglo pasado. Partiendo de la premisa de que Chile, a diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos, había consolidado una democracia multipartidista con colectividades disciplinadas que cubrían todo el espectro ideológico, el autor se pregunta si ese sistema también copaba la política local, especialmente en zonas rurales alejadas de los grandes centros urbanos. Al documentar que la política local efectivamente era igual de competitiva, surge pues la incógnita: ¿cómo Chile podía tener una política municipal tan competitiva, si los recursos y atribuciones legales de los municipios eran tan deficientes? Estudiando el funcionamiento del gobierno en catorce municipalidades, queda claro que la política municipal no podía entenderse como un fenómeno en sí. Era más bien un eslabón en un complejo sistema de representación política que vinculaba a la ciudadanía con el Estado mediante cadenas de tipo clientelar, donde los partidos eran los referentes fundamentales.