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¿Un programa para la literatura? ¿Una literatura programática? Sí, no puede ser de otra manera. Un programa, en su esencia, no es más que la expresión de una voluntad colectiva. Como ya dijimos, no hay entonces, escritor que escriba sin programa. Negar la posibilidad de cambio es un programa. Mirar desde los balcones, negándose a participar en la lucha es un programa. En ambos casos, se trata de un programa conservador.