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El objetivo de este ensayo no es, ciertamente, proponer un tratado sobre el sentido común, sino ante todo fragmentos para ayudarnos a imaginar nuevas relaciones posibles de cohabitación entre el pensamiento crítico y el conocimiento producto de experiencia, de lo vivido y del saber no codificado que éste produce, no para oponerlo al pensamiento crítico, sino más bien para evitar toda confrontación entre esas dimensiones, lo que no daría lugar a otra cosa que a su doble restricción.
Tal como están planteados los debates, todo conduce a un callejón sin salida, y explosivo: las afirmaciones del pensamiento crítico se interpretan como sofismas caprichosos. Ya no es la época para vanguardias esclarecidas, los mandatos y las órdenes jerárquicas son asimilados como pura arbitrariedad del poder. Precisamente por eso, es urgente comprender lo que el sentido común sabe, y abandonar la posición aristocrática del racionalismo, pero no para caer en la tentación de un nuevo irracional, sino a fin de evitar esta otra deriva, que hace una utilización irresponsable de la razón.