DURRUTI EN EL LABERINTO

$5.900

Pocas unidades disponibles

La historia de nuestra guerra civil está llena de cuestiones cuya resolución objetiva es una necesidad para aquellos que luchan contra la destrucción del conocimiento histórico emprendido desde el poder, porque la liquidación de la memoria histórica asociada al proletariado significaría la eliminación de toda perspectiva revolucionaria. La figura de Durruti, en tanto que personificación de la revolución proletaria anarquista de 1936 concentró muchas de esas cuestiones, verdaderas heridas del movimiento libertario, que en su propio beneficio conviene mantener abiertas y hurgar en ellas. Si duelen, es signo de que sus ideas perviven. Esas ideas no tienen precio. Quienes trataron de venderlas, se vendieron sólo a sí mismos. El anarquismo o es radical o no es nada. Ahí está la verdadera ortodoxia.
La banda de historiadores de la universidad ya no tiene por función la falsificación o la ocultación del pasado, como hacían los estalinistas, sino su conversión en espectáculo. El primer paso de esa preparación para el consumo ha sido la museificación; el segundo, la banalización. La historia para los guardianes del templo es un relato fabuloso, sin contradicciones, destinado a la propaganda; en cambio, para la pandilla universitaria sería un enorme panteón de cadáveres a los que se podría despedazar y analizar como se haría con las momias de Egipto. La distancia que nos separa de ellos sería tan fabulosa que nada habría que temer. El punto de vista forense certificaría el lejano momento de la defunción y desplegaría un abanico de hipótesis a escoger.
La historia-espectáculo legitima la dominación como si ésta no tuviera que ver con aquél; embalsamando cadáveres, el poder quiere mostrarse como el heredero legal de los vencidos y no como el vencedor de la víspera. Como buen usurpador, quiere que no se sepa que es un recién llegado, que su pasado es reciente, que prácticamente no tiene historia.
La mercantilización espectacular de la Guerra Civil se correspondería con una pérdida total del sentido histórico en las masas, vacías, embrutecidas y atemorizadas. No obstante dicha pérdida no es completa y, por lo tanto, tiene remedio. Todavía la historia no es de quien la manipula. Durruti morirá sólo si triunfa su mitificación, de modo que su lugar real quede sin cubrir.
Miquel Amorós

Ver costos de envío para este producto

Otros clientes también vieron