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"Año y medio después de la revuelta de octubre, la ciudad donde vivo se llenó de cámaras de vigilancia. Las calles de Talca —como las calles de otras ciudades del mundo— se plagaron de ojos mecánicos colgados de altísimos postes de fierro. A propósito de esta súbita aparición de ojos-policía, pensé en la etimología de la palabra vigilante: «…tiene el significado de «hacer guardia en la noche» y viene del latín vigilare». Pienso: no hay días para las cámaras de vigilancia. Ya lo dijo mejor Ennio Moltedo: «En Chile la noche es eterna». Vigilar es vivir al acecho en la noche perpetua.
Contra la vigilancia, contra el ojo del vigía: la huida, la nomadía, el escape hacia los bosques. Los poemas de Los drones previsibles pueden ser leídos como el deseo de desarticular el lenguaje de la guerra con toda su taxonomía de máquinas, simuladores de muerte y su pedagogía telemática para la aniquilación del enemigo"
Jonnathan Opazo