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El eje formado por las ciudades de Tacna y Arica posee ventajas geográficas que le habrían permitido convertirse en un importante núcleo comercial en el Pacífico sudamericano. Por su ubicación, casi al centro del continente, el espacio tacnoariqueño estaba en condiciones de atender con ventaja el comercio exterior del altiplano y el sur peruano, integrándose con esas economías, mediante la prestación de servicios portuarios, la colocación de sus productos agrícolas y la participación de sus habitantes en actividades de tráfico comercial.
Aunque estas características geográficas dieron lugar a estrechas relaciones de intercambio e integración con otras regiones, por sí mismas no se tradujeron en una economía sólida, diversificada y con suficiente autonomía como para influir sobre los factores y circunstancias que, en diferentes momentos, condicionaron su desenvolvimiento. Por el contrario, es posible constatar que las oscilaciones de su economía fueron consecuencia de medidas impuestas por los diferentes Estados a los que se ha subordinado a través del tiempo, antes que obedecer a factores internos. La región no ha contado con representantes capaces de hacer valer sus intereses frente a las autoridades y otras regiones, por lo que su desarrollo se ha supeditado a criterios ajenos.
Este libro indaga sobre la existencia de una élite regional que asumiera la tarea de representar, a través de la política, sus propios intereses y demandas, a partir del supuesto de que dicha clase dirigente debía surgir de entre las personas dedicadas al comercio, por ser el sector más dinámico de la economía regional, con mayor consciencia de las oportunidades de desarrollo que la geografía les ofrecía, y más sensibles a los efectos de las políticas públicas generales.