Metales Pesados, de Yanko González Montacerdos y Alquimia, 2017

Metales Pesados
de Yanko González Cangas
Montacerdos y Alquimia, 2017

Las editoriales Montacerdos y Alquimia reeditan la obra experimental y heterodoxa Metales Pesados (1998), de Yanko González. Un título esencial de la poesía chilena de posdictadura, que se adapta a la realidad actual, ya que la exclusión juvenil, territorial y racial se muestra prácticamente intacta, a pesar de los años.

Metales Pesados habla de modo natural de los jóvenes urbanos contemporáneos y describe de manera hiperrealista los sectores o tribus excluidas de la sociedad chilena, cercanas a la delincuencia y obligadas convivientes de la Transición. Un registro de habla marginal atraviesa los poemas, con frases irónicas que contienen escenas igual de irónicas, imágenes violentas y gráficas, jerga incomprensible, sin complejos ni apegos al idioma. Este registro cuestiona la expresión elegante que se espera del poema y ridiculiza el lenguaje académico de quien lo escribe. La paradoja recae en que, siendo de manera indiscutible el atractivo de la obra, es también este mismo lenguaje de la degradación humana y social lo que dificulta su acceso. Sin embargo, sin esta dificultad, dado el uso de los términos propios de estas tribus, la poesía de González resultaría contraria, si no vacía, a lo que quiere −y, a modo personal, consigue− transmitir.

El autor escribe desde una actitud y un lenguaje coloquiales; así desmitifica la poesía y la sirve a diferentes niveles y lectores. Cada poema integra la jerga de las diversas culturas juveniles, el argot de los noventa, las palabras que tú hablaste u oíste. Trabaja la exclusión, la violencia y el olvido de estas tribus urbanas desde la experimentación del lenguaje, desde dentro de los márgenes de esta sociedad, desde drogadictos a pandilleros, desde Los Pistols a los cacho cabra, todos por la casa. La tribu y el poeta en un mismo pedestal, vistos y hablados desde una igualdad, que fuera de estas páginas se antoja imposible.

El libro se divide en seis unidades de poemas y lo que las mantiene como unidad, a pesar de que cada grupo trate una temática particular, es el tono del poeta, es la poética que recrea, como nunca, el lenguaje marginal. Habla de las cicatrices que dan la vuelta al mundo: drogas, alcohol, funky, violencia, dinero, vida nocturna, blasfemias…. Estas particularidades son claramente sospechosas de componer un retrato típico de los sectores jóvenes urbanos, una caricatura, un estereotipo. La mayoría de los poemas van acompañados de notas al pie de página, con citas aclaratorias u otros textos, que abren el poema. Esto hace que la línea, convencionalmente clara, que define y separa la obra principal −poemas− de la secundaria −referencias− se diluya, y todo pase a ser parte de una obra conjunta.

He aquí una muestra, de mis favoritos:

Y si salvó la billetera de lagarto
la sangre del costado
se encargará de robársela por siempre
porque igual le pegamos su puntazo.

Para, más tarde, aclarar a pie de página:

(…) Todo
Todo esto−
fue por ti, vieja.
Quise escribir un poema
que tú pudieses entender (…)
(W. C. Williams)

La poesía de González no busca embellecer la realidad, ni siquiera embellecer la misma escritura, sino mostrar la realidad mediante el mismo lenguaje, que en sí se sospecha bello, pero en estos poemas se encasilla a las clases más huérfanas. El poemario rompe los esquemas de este género literario, que, desde una mirada convencional, no podrían/deberían mezclarse. Metales Pesados, un juego textual y visual, una obra físicamente atractiva, usa un lenguaje sin filtro para hablar de una realidad sin tapujos, y esta realidad es oscura, lejos bella; de allí el pesado título y su diseño de metal.

Reseña de Marta Villar
Centro Social y Librería Proyección