Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie Random House, 2015

Todos deberíamos ser feministas
de Chimamanda Ngozi Adichie
Random House, 2015

Las feministas son mujeres infelices porque no encuentran marido, el feminismo es antiafricano, las feministas están siempre enfadadas y no usan desodorante. Tales tópicos, oídos de una forma más o menos velada, pero con persistencia, llevan a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (1977) a definirse al comienzo de este libro como «feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres». Y es que el término feminista es uno de los más cargados de connotaciones negativas que existen, lo que quizá sea la demostración más evidente de que el feminismo (el que busca sus propias estrategias y no se deja manipular por unas reglas del juego y unos usos lingüísticos que hacen trampa ya antes de que comience la partida) sigue siendo una bandera por la que luchar desde múltiples ámbitos. Un problema de «derechos humanos», pero, como recalca la autora, un problema «específico».

En esta breve conferencia hoy convertida en libro, Adichie no solo se conforma con enumerar los micromachismos cotidianos a los que parece abocarnos una concepción descafeinada del asunto: los camareros siempre esperan que paguen ellos, las mujeres se ocupan de labores del hogar y ceden un poco en su carrera profesional para mantener la paz doméstica. También combina datos objetivos (un 52% de la humanidad son mujeres, pero «cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay», y cobran menos por los mismos trabajos), relata anécdotas que recuerdan a la extrañeza empática de sus novelas (la mujer negra que entra sola en un hotel de Nigeria y es tomada por una prostituta) y, sobre todo, se centra en la estructura de nuestro pensamiento, en la educación. Por ejemplo, la niña que saca la mejor nota de clase porque aspira a ser delegada, pero a la profesora se le olvida matizar que solo los niños varones pueden serlo:

 

Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si solo los chicos llegan a monitores de clase, al final llegará el momento en que pensemos, aunque sea de forma inconsciente, que el monitor de clase tiene que ser un chico. Si solo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos natural que solo haya hombres presidentes de empresas.

 

Ahora nos preguntaremos qué nos aporta la visión de una escritora nigeriana que no quiere salir de su contexto africano, sino que se reafirma en algunas costumbres sociales que creemos superadas. Lo primero, la demostración de la pervivencia de una estructura machista en cualquier sociedad, por muy desarrollada que se piense. El machismo no es solo el pasado histórico. Es también el pasado vital, es decir, nuestra infancia. Pero también nuestro presente: segregación en las escuelas apoyada por algunos gobiernos, la violencia machista en grupos de personas cada vez más jóvenes.

La conferencia de la escritora y feminista africana Chimamanda Ngozi Adichie en TEDx Talk se convierte en libro para explicarnos lo que significa ser feminista en el siglo xxi y para rebelarse contra los prejuicios que, en la sociedad nigeriana, tal como ella describe, son mucho más aceptados y profundos que el «machismo encubierto» que vivimos en nuestra sociedad.

Carlos Pardo
Crítico literario de El País