Poco hombre. Crónicas escogidas, de Pedro Lemebel Ediciones UDP, 2013

Poco Hombre
de Pedro Lemebel
Ediciones UDP, 2013

 

Este volumen ofrece una relectura de algunas de las crónicas más destacadas de Pedro Lemebel, publicadas durante más de dos décadas en siete libros. La selección de Ignacio Echevarría -encargado, también, de la escritura del prólogo- desborda el humor, la melancolía, el barroquismo, la rabia, la lírica, características del autor santiaguino. Esas rosas y suspiros.

Era tan joven, pero una llaga de amargura trizaba su boca de niño punga, su sonrisa morena de labios torcidos por la hiel del arrollo, su media risa menguada en el aluminio escarlata de la luna en acecho que acompañaba nuestros pasos al filo del amanecer. Te fue mal esta noche, le murmuré aterciopelado para sacarle una alegría. (‘Solos en la madrugada’)

La escritura de Lemebel surge de su propia voz, sin preocupaciones excesivas por espacios, personajes y otras representaciones, pero sí del recuerdo político y su ebullición, y un Santiago arrasado por su mendiga modernidad, que no es capaz de arropar sus disfraces, gentes, maquillajes. Abanderado del desamor y sus migas. La minoría de la minoría -a veces masculina, otras femenina-. Luchador en cada metáfora por los derechos humanos y crítico de la dictadura y de la eterna noche en vigilia de sueños, que fue el golpe. Es esta ausencia de realidad en medio de tanta efervescencia urbana -o ausencia de cultura divulgada- la que no calla Lemebel, la que dispara con rabia, para luego edulcorarte la herida.

Pasaron los inviernos de tormenta rebalsando el Mapocho de cadáveres con un tiro en la frente. Pasaron los inviernos con la estufa a parafina y la tele prendida con Don Francisco y su musiquita burlesca acompañando el cortejo de la patria en dictadura. Todo así, con show importado, con vedettes tetudas en la falda de los generales. La única música que retumbaba en el toque de queda era la de esa farándula miliquera. (‘La ciudad sin ti’)

 Poco hombre se organiza en cinco secciones, que atraviesan en trazos la sociedad y la historia reciente de Chile: ‘Los duendes de la noche’; ‘Hacer como que nada, soñar como que nunca’; ‘¿Dónde estabas tú?’; ‘Su ronca risa loca’; y ‘Chile mar y cueca’. Echevarría indica, ya en el prólogo, a qué libro pertenece cada crónica extirpada, y completa una antología digna de la autobiografía de Lemebel. Además, con esta nueva propuesta de orden -desinteresado por la cronología de los hechos-, las crónicas adquieren un nuevo sentido, ya que se encuentran entre páginas y lecturas de sus mismas propuestas críticas y temáticas.

Desde qué lugar se podría perfilar el peregrinaje de esta mujer, sobrevivida a las brasas históricas que aún humean el ocaso del pasado siglo. El tránsito biográfico de Gladys Marín por esta geografía a veces toma el rumbo de una lágrima turbia que, en su porfiado rodar, fue marcando de lacre utopía el largo esqueleto del flaco Chile (…) Años jodidos para tantas mujeres que torcieron su destino doméstico, y en el desafío de la participación política liberaron su voz. (‘Mi amiga Gladys’)

Pedro Lemebel es un nombre consagrado en la literatura chilena. Escribe con intención, con furia -contra el macho, contra el Estado, contra el milico, contra el neoliberal-, con ritmo único y exceso intencional. Escribe con urgencia por el descontento de los que no tienen voz, o no saben alzarla, y por la dignidad de la pobreza, de la loca, del oprimido. En un Chile con profundas desigualdades, Lemebel dialoga entre estas clases sociales, transa cada segmento y lo denuncia.

Medio país prefiere no saber, no recordar alguna noche que en la casa vecina una garganta de mujer trinaba a parrillazos los estertores de su desespero. Medio país se resiste a creerlo, y quiere dar vuelta a la página, mirar al futuro, hacer como que nada, soñar como que nunca. (‘Hacer como que nada, soñar como que nunca’)

Su voz nostálgica, rebelde, personal, delicada y bruta, a veces y siempre; esta es su dimensión lingüística y su sello inconfundible, en búsqueda de la sacudida y la complicidad de la lectora y del lector. Este es el trabajo y la lucha por la memoria de la brevedad de sus piezas. Su ácida crítica social y su estilo florido, loca, recargado, pero en síntesis directo. Con este lenguaje inconfundible Lemebel busca, encuentra y critica las raíces, las heridas y errores de una sociedad con los ojos cerrados, por miedo o indiferencia, con los oídos tapados. Y en esta sociedad cargada de cadáveres y sueños, que arrastra su pasado y lo ensucia, parece vislumbrarse él mismo, enlazada su historia personal con la historia política y social.

Marta Villar
Centro Social y Librería Proyección