La sociedad de los artistas, de Carlos Ossandón Buljevic

La sociedad de los artistas
de Carlos Ossandón Buljevic
Palinodia

La sociedad de los artistas examina las nuevas figuras, asociadas a las artes, que irrumpen en los escenarios públicos de fines del siglo xix e inicios del xx en Chile. Estas nuevas figuras (actrices, cupletistas, «estrellas» del cine mudo), impensadas en anteriores paisajes comunicacionales, se muestran como partes constituyentes, no meramente añadidas, de unos abigarrados procesos de reconfiguración cultural o pública.

Ossandón se adentra en el mundo emergente de estas figuras, dando cuenta del papel que juegan en la reconfiguración de los espacios públicos, y destaca el teatro, el cine mudo y el cuplé como elementos claves en estas transformaciones.

 

Nos hemos servido, como fuentes primarias, de ciertas percepciones que se formalizaron en la época (…) de crónicas periodísticas más dispersas y de un par de revistas especializadas (las dedicadas a las «estrellas» del cine mudo, por ejemplo). Estas fuentes nos han permitido  entrever  las nuevas pautas que proyectan unas figuras que se validan ahora en los dominios de la empatía, de la subjetividad o de la fascinación.

 

El arte se liga a la representación personal. Se destaca el rostro, la empatía, el primer plano y el primerísimo primer plano, por ejemplo, y cambia la mirada y el modo de relacionarse con dichas emergencias.

Para Ossandón no deja de sorprender la corte de «galanes» y de comentarios que precipitó la visita de la actriz Sara Bernhardt en 1886. Entre ellos se cuentan importantes hombres de la historia de nuestro país, como Miguel Luis Amunátegui, José Victorino Lastarria, Diego Barros Arana y el destacado poeta nicaragüense Rubén Darío, quien, muy joven y recién arribado a Chile, escribió diez artículos sobre las actuaciones de la divine, como señala el autor en el capítulo La intérprete y su interpretación.

La sociedad de los artistas nos hace revivir parte de nuestra historia, a través del reconocimiento del espectáculo como elemento configurador y base para la instalación posterior de las industrias culturales en el siglo xx. La irrupción de estas figuras (artistas, «estrellas», ídolos deportivos) no es asimilable a otras figuras públicas características del siglo xix, como el sabio, el publicista, el civilizador, dice Ossandón, pues ahora se proyectan sus «talentos, arquetipos, habilidades, ejemplos, poses, fotogenies, diversos estados del alma, etc.». El libro da cuenta también de la desenvoltura o variedad que toman unos espacios que comienzan a ser «propiamente públicos».

El autor busca, a través del libro, concentrarse en las figuras, ya mencionadas, «que se perfilan en el seno de unas liturgias o de unas escenas inequívocamente públicas. Unas figuras que se alejan de los dispositivos letrados o racionantes decimonónicos, como también de los referentes más explícitamente políticos de validación», y que ya no exhiben, como los escritores modernistas, unas tensiones u oscilaciones con unas «publicidades» que les son imprescindibles, en tanto que adscritas a su esencia.

 

Julio Argomedo

Universidad de Chile