La primera gota de sangre, de Rosa Alcayaga

La primera gota de sangre
de Rosa Alcayaga
Ginecosofía, 2018

La poesía de Rosa Alcayaga increpa a los malditos de siempre, desde aquellos que dieron forma a la filosofía en Occidente hasta el esposo maltratador cotidiano, pasando por el milico de la dictadura, el machismo del partido proletario y el sangriento noticiario, que siempre tienen excusas para declarar que «ella se expuso», que «iba de noche», que, si bien es la víctima, más trasciende su protagonismo gore de ataúd y apellido que hacer frente al protegido

Sus versos desnudan la injusticia asumida por años como estatuto social, y la destripa entre conversaciones cotidianas y mitos fundacionales. Lo expone con tal sutileza que nos retuerce el inconsciente colectivo de seguir bajo el amparo de lo que algunos hipócritas han denominado «la problemática de la mujer».

Híncate / frente a las todas / como uno más entre los hombres / reclamas porque no quieres / un pan lleno de gusanos / es el único alimento / en la despensa

Su letra pone en crisis lo que parece ser usual. Lo escribe tal como lo habla. Lo atraviesa en su atemporal, libre e híbrida poética, que se desmarca de reglas y burla con elegancia las estructuras. Así recoge el aullido de las dueñas de casa, de las pobres, de las migrantes, de las semidiosas apedreadas. Ella y su corazón robusto ametrallando contra toda autoridad.

Sin brasero ni parafina / solo una sábana blanca / apretando el calor / en combate feroz contra la escarcha / medio sueldo en el bolsillo (…)

Todo un mundo nos ha temido, incluso nosotras mismas al ver la primera gota de sangre. No vemos nuestro poder hasta que encontramos en nosotras las llamas. Ese poder creador travestido de castidad es el mito de la Humanidad. Bulle en nosotras la única sangre no derramada por el odio, sino por la posibilidad de vida.

Amasaré vidas rotas entre escombros de pies brazos y lenguas (…) La furia del mar cargará de olas mi cuerpo / Entre las rocas veo sangre tuya y mía

Sobreviviente de la dictadura, joven luchadora de otro Chile, periodista, poeta y profesora: «Treinta años atrás, aspiraba a ser heroína. Treinta años después, quiero que el mundo no me cambie». Y no es con poesía melosa que nos levantamos para seguir luchando, sino con las necesarias poetas molestas que rugen.

Pabla Pérez San Martín
Dirección Editorial de Ginecosofía Ediciones