La musiquilla de las pobres esferas, de Enrique Lihn Editorial Universidad de Valparaíso, 2017

La musiquilla de las pobres esferas
de Enrique Lihn
Prólogo por Manuel Silva Acevedo
Ilustraciones por Eugenio Téllez
Nota preliminar por Waldo Rojas
Revisión de Pedro Lastra
Ediciones UV, 2017

 

Han pasado los años y la presencia de Lihn −su escritura, su reflexión, su lucidez− sigue marcando pauta para intentar asir o entender la vorágine que nos envuelve. No para idolatrar su imagen y obra, creyendo hallar alguna respuesta aclaratoria que orientara nuestras disquisiciones críticas, sino para percatarnos de su coraje ante el momento que le tocó vivir. En este sentido, La musiquilla de las pobres esferas es un libro capital, no tanto para la bibliografía lihneana, sino para tratar de captar la posibilidad de la poesía como discurso en un contexto enrarecido y conflictivo.

Ciertamente, ya no vivimos en los años setenta y nos hallamos, aparentemente, lejos de las eventuales luchas ideológicas de aquel instante histórico. Pero esos poemas nos siguen diciendo cosas y, a mi modesto parecer, enseñándonos una postura irrenunciable, en lo que significa el sentido de la poesía, sus fronteras y eventuales realizaciones. El sano, y a veces despiadado, escepticismo que trasunta sus versos, si se tolera, marca una pauta ética en el ejercicio poético, a todas luces indesmentible.

Enrique Lihn da muestra de una constante profundización y variación de su propia escritura, convirtiendo en motivo central de la misma las reflexiones que suscita la posibilidad de su realización. Poesía que se plantea acerca de la pertinencia de la poesía, autoconciencia escritural llevada a uno de sus límites más lúcidos y productivos.

Este poemario marca una pauta, un seguimiento detenido y virtuoso de la decrepitud, de lo que se denominaría el “desaliento”, ante la imposibilidad de la poesía como discurso asible a lo real; crisis de la necesidad histórica a la que la poesía chilena −e hispanoamericana, en general− se veía expuesta, dado el contexto socio-político de la época. Por ello no deja de ser sintomática la aparente intensa contradicción entre momento histórico y discurso poético.

Como queriendo disculparse por parecer demasiado escéptico de las instancias políticas que hacían furor a fines de los sesenta y principios de los setenta, la escritura de Lihn aparece evidenciando no el supuesto entusiasmo y entrega a “los procesos históricos” que la hora pedía, sino más bien el desencanto y distanciamiento propio de toda escritura crítica. Ese desencanto se trasvasija, ciertamente, en la duda de ver en la poesía una posibilidad emancipadora concreta de la realidad, duda que se extiende hasta poner en cuestión su validez misma como discurso.

Poemas tan notables y, hoy por hoy, clásicos de la bibliografía lihneana, como “Mester de juglaría”, “Revolución”, “De un intelectual a una muchacha del pueblo”, “Seis soledades” y “La musiquilla de las pobres esferas”, que otorga el título al libro, se muestran como consumados poemas de una factura impecable, donde paradojalmente Lihn logra un límite expresivo con el lenguaje como rara vez se ha llevado a cabo en la poesía contemporánea de la lengua y que lo hacen ser el poeta que es.

Ismael Gavilán