En esta noche, en este mundo, de Alejandra Pizarnik Random House, 2017

En esta noche, en este mundo
de Alejandra Pizarnik
Random House, 2017

En esta noche, en este mundo es una intencionada selección de la obra poética —como si hubiera otra— de Alejandra Pizarnik, una de las poetas surrealistas más importantes de la Argentina de los sesenta. Sus poemas recogen su biografía, desde una suerte esquizofrénica que combina sensualidad y herida. El vínculo casi patológico entre realidad y obra, vida y obra, vida y muerte.

La poesía de Pizarnik genera una atmósfera de vigilia y es en este estado lírico que nacen sus palabras. Desde un profundo intimismo, casi animal, una poesía desnuda y visceral, escrita desde y para las entrañas. Las sombras de cada verso son huella de su propia existencia, prolongación de sus sombras interiores, como Alicia en el país de lo ya visto. La palabra es la sombra de sí misma, y lo que no existe en ella no tiene sombra ni hoja.

La selección poética contenida en este libro viaja de la infancia de la autora y sus espejismos —ahora en esta hora inocente yo y la que fuimos nos sentamos— al fruto de la locura, a la nostalgia, el silencio —el silencio de las lilas que aletean en mi tragedia del viento en el corazón—, el interrogante y, finalmente, la muerte impuesta. A los treinta y seis años se quita la vida en lo que se intuye una pérdida de fe y posibilidades de la palabra poética y la persona misma —esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje—. Y así pone fin al lenguaje autodestructivo y precioso, a la palabra y sus límites, a la tortura, a las imágenes que intentan explicar con palabras de este mundo, pero no al manto, hecho mito, que aún la recubre, y la cubre del color del deseo más profundo.

Su lectura nos conduce a un icono del feminismo y una femineidad no convencional y, en última instancia, a una cuestión de género. Como bien acierta Nuño, «la soledad y el aislamiento, cuando se ponen de manifiesto en la vida de una mujer, son rasgos que admiten ser interpretados como la prueba de un desequilibrio psíquico de tal naturaleza, que puede conducir a su autora al suicidio o la locura». En el caso de Pizarnik, su poesía hiriente y melancólica, su pasión extrema, no bastaron como terapia para combatir sus fantasmas interiores y la exclusión que sentía por la sociedad. No bastaron sus contradicciones —esta noche he visto pero no— para que no cumpliera su promesa, hecha poema:

 

alguna vez

    alguna vez tal vez

me iré sin quedarme

    me iré como quien se va

 

Marta Villar
Centro social y Librería Proyección