El patriarcado del salario, de Silvia Federici

El patriarcado del salario
de Silvia Federici
Tinta Limón, 2018

 

¿Cómo se relaciona el feminismo con el marxismo? ¿Cuál es el vínculo entre patriarcado y capitalismo? ¿Qué tiene que ver la lucha por la liberación de la mujer con la lucha de clases? Estas son algunas de las preguntas que nos responde, en El patriarcado del salario, Silvia Federici: una de las mentes vivas más lúcidas del pensamiento crítico a nivel internacional.

Silvia Federici profundiza en los esquemas marxianos para criticarlos y reformularlos al darles un horizonte mucho más amplio. En este sentido, la autora señala como fundamentales cinco tesis que el feminismo utiliza para el análisis de la explotación de la mujer y la posición que esta ocupa en el sistema capitalista. Así pues, resulta fundamental recuperar las tesis de la lucha de clases como motor de la historia, la naturaleza humana como producto de relaciones sociales cambiantes, la teoría con miras al cambio de la realidad, el trabajo humano como fuente de riqueza y el análisis sistémico del capitalismo.

Con estos preceptos, la revisión realizada por el enfoque de Federici se resume entendiendo que «al descubrir la centralidad del trabajo reproductivo para la acumulación capitalista, también surgió la pregunta de cómo sería la historia del desarrollo del capitalismo si en lugar de contarla desde el punto de vista del proletariado asalariado se contase desde las cocinas y dormitorios en los que, día a día y generación tras generación, se produce la fuerza de trabajo», es decir, ¿qué pasaría si El capital lo hubiese escrito una mujer? El resultado es que la autora alumbra espacios en los que la teoría marxiana no había puesto luz: el rol de la mujer como eje central de la reproducción de la mano de obra.

Así, una de las claves del texto es la revisión histórica que realiza, pues rompe con el discurso naturalista de la feminidad. En esta línea, al analizar los comienzos del capitalismo industrial en Gran Bretaña, la autora nos muestra cómo la familia proletaria tipo no existía hasta pasada la mitad del siglo xix. En el proceso de construcción de dicho núcleo familiar, resultan fundamentales las particularidades del contexto de finales del xviii y principios del xix. Durante estos siglos, la mano de obra en las fábricas estaba compuesta por mujeres, hombres y niños, que realizaban su trabajo en condiciones infrahumanas (jornadas de 14-16h), algo que afectaba directamente la esperanza de vida (35 años en Manchester o Liverpool en la década de 1860).

En dicho entorno, el surgimiento de protestas y huelgas era inevitable. Algo que, sumado al problema que generaba para la industria, en términos de productividad, el lamentable estado de los trabajadores y las consecuentes dificultades para su reproducción, provocó una intervención del Estado, regulando el trabajo asalariado ante la necesidad de «un tipo de trabajador más fuerte y productivo». La consecuencia de las protestas obreras, de las necesidades del mercado y de la subsiguiente regulación del Estado fue el surgimiento del nuevo núcleo familiar, en el que la mujer era relegada a los cuidados, esto es, al ámbito no asalariado de la reproducción de la mano de obra. El hecho de asignar un salario al obrero y dejar totalmente impagado el trabajo doméstico creaba unas relaciones de poder, dominación y violencia que relegaban a la mujer a un espacio totalmente invisibilizado: es lo que Federici denomina el patriarcado del salario. Este proceso se convierte en hegemónico al naturalizar los roles del trabajador asalariado (masculino) y régimen de cuidados impagados (femenino).

En los años setenta, con la crisis del modelo familiar descrito y la incorporación de la mujer al mercado laboral, el trabajo reproductivo no desaparece, lo que implica una doble imposición. La respuesta de Federici fue alzarse en defensa de un salario para el trabajo doméstico, objetivo que pretendía visibilizar una labor totalmente oculta, empoderando así a las mujeres. En consecuencia, se mostraba en contra de la tesis marxiana que afirmaba que el desarrollo de las fuerzas productivas conllevaría a que las diferencias de género sean indistinguibles, algo que se ha comprobado totalmente erróneo. Esta mirada rompe con el dogma izquierdista que señala que solo se puede organizar un movimiento antisistémico alrededor de las fábricas, dejando de lado (como poco) luchas feministas o raciales.

En definitiva, como constatamos en El patriarcado del salario, la obra de Federici resulta fundamental a la hora de «desnaturalizar la división sexual del trabajo y las identidades construidas a partir de ella». Las aportaciones de la autora nos ayudan a comprender de forma profunda e histórica los debates y los procesos que vivimos en la actualidad.

Juan Vázquez Rojo
Revista Torpedo