Conversaciones sobre Palestina, de Noam Chomsky e Ilan Pappé LOM, 2016

Conversaciones sobre Palestina
de Noam Chomsky e Ilan Pappé
LOM, 2016

 

Noam Chomsky e Ilan Pappé son ampliamente conocidos por sus respectivas obras académicas y por su activismo político. Además de su contribución a la lingüística, Chomsky es un autor de referencia por sus numerosos ensayos políticos, críticos con el capitalismo y, en particular, con la política exterior de Estados Unidos. De manera semejante, la obra de Pappé es fundamental para comprender los cimientos coloniales en los que se asienta el Estado israelí, que sigue prolongando uno de los conflictos más enraizados en la sociedad internacional.

Organizada la conversación en tres grandes bloques temporales (pasado, presente y futuro), Chomsky y Pappé intercambian sus puntos de vista sobre los más diversos aspectos en torno a la cuestión de Palestina: la naturaleza colonial del movimiento sionista y de Israel como colonia de asentamiento; las similitudes y diferencias con la Sudáfrica del apartheid; el movimiento de solidaridad con el pueblo palestino y la campaña del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel); unido a las perspectivas sobre la solución de los dos Estados o solo uno.

La obra se complementa con algunos artículos específicos de ambos autores en torno a las sucesivas agresiones israelíes a la franja de Gaza (“genocidio progresivo”, lo denomina Pappé); además de un estudio preliminar del mismo Pappé que, de manera esclarecedora, sistematiza tanto el diálogo con Chomsky como algunas reflexiones que, bajo el título de “Conversaciones antiguas y nuevas”, recoge la dramática evolución política en Israel/Palestina y en toda la región.

En concreto, considera necesaria la “búsqueda de nuevas ideas” e “incluso de un nuevo lenguaje para Palestina”, debido, entre otras paradojas, primero, a que los logros y el cambio experimentado favorablemente por la opinión pública mundial sobre Palestina no han tenido un impacto efectivo sobre la realidad por el apoyo que recibe Israel de “las élites económicas y políticas de occidente”; segundo, al adoctrinamiento de la sociedad israelí, con una imagen favorable de su Estado, pese a las críticas que recibe del exterior; tercero, a que las críticas y condenas de determinadas políticas israelíes no alcanzan al “régimen y la ideología que produce dichas políticas”; y cuarto, a que el conflicto se barniza como “una historia multifacética y compleja, difícil de entender y más aún de resolver”, cuando en realidad se trata de “una simple historia de colonialismo y usurpación”. De ahí que Pappé abogue por un nuevo diccionario en el que términos como limpieza étnica, apartheid, colonialismo, descolonización, cambio de régimen y solución de un solo Estado, entre otros, sean centrales.

En suma, Chomsky y Pappé hacen una lectura crítica de los principales hechos y acontecimientos de este prolongado conflicto colonial (no entre Palestina e Israel como si se trataran de dos entidades semejantes); además de exponer la relación existente entre poder y producción del conocimiento. En esta dinámica, desvelan la inconsistencia de términos tan estandarizados o acuñados como “proceso de paz” o “solución de los dos Estados”, cuando la realidad sobre el terreno muestra que son una mera cortina de humo de la que se ha servido Israel para amortiguar o neutralizar las críticas, ganar tiempo y seguir implementando su política colonial, de hechos consumados, con la apropiación de más territorio palestino; además de la creciente fragmentación y guetización de la población palestina, unido al continuado bloqueo de Gaza desde hace una década. Sin olvidar la discriminación de los palestinos en Israel y las diferentes agrupaciones de la diáspora palestina que, en no pocos casos, como en el más reciente de los refugiados palestinos en Siria, se han visto forzadas a nuevos desplazamientos.

Con todas estas implicaciones, que remiten mucho más atrás de la ocupación israelí en 1967, es difícil no advertir que mientras persista el régimen de apartheid se seguirá perpetuando esta prolongada segregación y opresión. De ahí la importancia de abordar esa dimensión histórica: primero, para comprender mejor “por qué continúa el conflicto”; y segundo, para cambiar “el punto de vista político sobre la cuestión palestina” al mostrar cómo “el conocimiento fue manipulado” mediante ese mencionado lenguaje (“proceso paz”, “solución de los dos Estados”, entre otros términos).

Ambos autores no se andan con rodeos para denominar las cosas por su nombre. Conscientes de la coyuntura actual, insisten en, primero, identificar clara y correctamente el problema, señalando el carácter colonial del movimiento sionista y de Israel “como un Estado racista”; y segundo, redoblar los esfuerzos para cambiar la política de Estados Unidos, pues su apoyo resulta “decisivo” para que Israel siga manteniendo un comportamiento de Estado paria a semejanza de la Sudáfrica del apartheid.

José Abu-Tarbush
Profesor de Sociología en la Universidad de La Laguna