Carta al padre y otros escritos íntimos, de Daniel Link

Carta al padre y otros escritos íntimos
de Daniel Link
Alquimia, 2018

 

Carta punzantes, dirigidas a Foucault, un diario de viaje por Berlín o fragmentos de un discurso ideológico que leemos, alucinados, como un parpadeo; estos textos de Daniel Link despliegan una subjetividad excéntrica que destila genialidad e ironía. Carta al padre y otros escritos íntimos puede leerse como el portal de ingreso a una de las voces más singulares de la literatura contemporánea.

Alquimia Ediciones

 

En uno de los textos recogidos en Carta al padre y otros escritos íntimos (2002) –reeditado ahora en Chile (Alquimia, 2018), con el agregado de un recuerdo sobre Fogwill, por su muerte–, Daniel Link (1959) señala que, al llenar los papeles de los departamentos de inmigración, no sin cierto fastidio por el entrometimiento, no le importa mucho la verdad de su identidad profesional y ha contestado según el humor del momento: «profesor», «investigador», «historiador», «crítico cultural», «artista», «estudiante», «editor», «maestro», «periodista», «docente», «trabajador de la cultura», incluso «esquiador». Cuando tuvo que decidirlo para otros géneros vinculados a su profesión, como la solapa de libro o la credencial en programas televisivos, optó por «catedrático y escritor», palabras, según él, «que describían a la perfección y sin error su vida entera (pasada, presente y futura)».

Quizá no habría faltado a la verdad y sería más conciso si dijera «lector». Más que un inventario de lecturas, es un paseo por su vida y por maestros y amigos. Como muchas experiencias significativas, el origen está en la infancia: de niño le diagnosticaron un problema neurológico, les dijeron a sus padres que nunca podría caminar, que quizá no sobreviviría. «Un niño moribundo que quería leerlo todo y por eso se aferró a la vida.» Y empezó a fatigar los ojos: El Principito (su primer libro «serio»), Sábato, Vallejo, incluso Sade, porque accede a partes de una biblioteca que un primo le heredó-vendió por un viaje. Y siguió leyendo profesionalmente en Ediciones de la Flor como editor y luego como profesor. La lectura: una vida, en todo caso, está estructurada como un homenaje a sus maestros, desde el colegio a la universidad: «Confesar lo que he leído no tiene ninguna importancia, mejor es consignar quién me llevo a hacer esas lecturas».

Patricio Tapia
Redactor de Culto, La Tercera