Almanaque, de Jaime Pinos


Almanaque

de Jaime Pinos
Lanzallamas, 2010

 

La voluntad de testimonio, en su sentido más profundo, resulta uno de los privilegios permanentes del oficio poético, y más aún cuando puede dar fe de sus propios límites. Jaime Pinos (Santiago, 1970) muestra en Almanaque (Lanzallamas Libros) esta voluntad de apego a la verdad efectiva y palpable hasta el hartazgo, y esto desde el mismo tono de los poemas, de espaldas a toda pretensión de embellecimiento, e incluso de privilegio creador. La situación del autor resulta uno de los ejes que animan Almanaque, en los textos bajo el título Nota al margen (entre otros), en que su vida y voluntad escritural se presentan en una distanciada tercera persona:

Escribe buscando
sincronía,
biografía y escritura.

Escribe buscando
claridad,
estilo y silencio.

Escribe buscando
realidad,
descripción precisa
de la Situación en que se encuentra.

La poesía de Pinos parece señalar la nula y trágica existencia de lo colectivo tras las posibilidades del autor, dejando reiteradamente marcado el sello de su impotencia: dada su propia y decidida alineación como autor –poeta– le está vedado el rol de actor, y esto, al mismo tiempo de señalarlo como testigo, lo limita. Su oficio está marcado por la inutilidad, ante la absoluta conciencia de su marginación.

Se pone entre paréntesis el sentido y la utilidad de la labor artística y, por ende, el rol de aquel que la practica. Esa pura poesía, marcada por la inutilidad y un rol marginal, no puede sino estar condenada a la enajenación. La cultura como expresión separada de la realidad pierde todo ascendente y se hace incapaz de dar cuenta de instancia alguna de totalidad, debiendo referirse a su propia impotencia, si es que no cae en la falacia de una práctica positiva, muerta.

En Unbirthday song se define de forma directa el destinatario imposible del poema: el amigo suicida, referencia que bien podría aplicarse al libro completo. Esto implica, naturalmente, que el poema mismo es para nadie:

 

Tarjeta de saludo
sin destinatario en este mundo,
remitida a algún lugar
entre los inmigrantes de la tierra de nadie.

Palabras en el vacío,
texto sin glosa
como la muerte.

 

Almanaque se vuelve una derrota ostentada, que deja solo en pie la precariedad y marginalidad de un sujeto ante una post-cultura que dará una no-palabra como respuesta, inentendible y vacía. Esta no-palabra toma diversos caracteres dentro del poemario, accediendo de esta forma a una importantísima clave de lectura de Almanaque. La enajenación absoluta del presunto narrador observador con respecto al que se suponía su campo de estudio evidencia la imposibilidad de un arte poética y su superación. La evidencia del fracaso resulta la única validez.

Esta imposibilidad surge como consecuencia clara de un desarrollo histórico, y es aquí donde Pinos llega a un logro notabilísimo: el sombrío diagnóstico de la sociedad solo deja ver su profundo abismo tras el cristal de esta enajenación fundamental y radicalmente personal. Así, la absoluta desazón de los ancianos abandonados por sus familias o el desmembrado Hans Pozo resultan figuras hechas a propósito para indicar, más que el hecho de la miseria o el despojo, la indiferencia o crueldad por parte de una entidad abstracta, llamada CHILE y la Dulce Patria, sobre la realidad palpable y casi escandalosa de sus existencias (Hijo de la patria):

 

Hans Pozo,
hijo de Chile,
recibe de la Dulce Patria
UNA VIDA HECHA PEDAZOS.

Almanaque, más que revelar una poética determinada, revela una tensión de voluntades: por un lado, esa conciencia que aún pertenece al arte poética, que recalca su paradójica validez al asumirse sin hermetismos, directamente, con toda la dimensión ética que tradicionalmente supone (Elijo palabras que puedas reconocer, dice en Elegía, que cierra el libro), y por otro, la evidencia constante de la vanidad de su trabajo: la tensión entre el poeta civil, marcado por su conciencia social, y el dandy baudelaireano, marcado por la conciencia de su enajenación personal como intelectual. Dejar ver este conflicto resulta un logro mayor de Almanaque, dentro de un medio en que la unidimensionalidad de los hablantes poéticos se hace casi un hábito.

 

Carlos Henrickson
Escritor, traductor y ensayista